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SITIO EQUIVOCADO

July 29, 2008

Esto es lo que pensaría éste empleado en su debút como expendedor ambulante de café con leche en el patio de cuadrillas.

No me imagino a ningún torero ingiriendo un “cafelito” antes de hacer el paseillo ni invitando a su cuadrilla para así salir entonados a la plaza. Pienso que tampoco dispondrían en ese momento de las 7 pesetas que costaba.

Se debió dar cuenta de que su negocio en esos lares era una verdadera ruina, ya que no se le volvió a ver.

Por lo menos el hombre lo intentó y pudo sacarse una foto con los toreros.

RENTABILIDAD ANTE TODO

Algunos empresarios se quejan continuamente de que las plazas que regentan son deficitarias, -¿porqué las licitan si ya lo saben?-, y que tienen que hacer mil y una cábala para no perder dinero a final de temporada.

Se quedan con ellas, dicen, por su gran afición y amor a la Fiesta. Mentira. Si fuese así se lo pensarían dos veces antes de, tal y como hicieron en el coso de Las Palmas de Gran Canaria, colocar esos burdos colgajos propagandísticos en la barrera que atentaban contra lo puramente estético además de ser poco serio y respetuoso para con la fiesta de los toros.

Sacando sus dinerillos les trae sin cuidado las formas y el “a costa de “.

A pesar de todo seguirán presumiendo y poniendo por bandera su gran afición.

SIMPLEMENTE, DISTINTO

Rafael Gómez Ortega “El Gallo” consiguió ser un torero de leyenda. Sus actuaciones plagadas de desigualdades, hicieron de él un torero no comparable con ninguno. Poseía una gracia e inspiración envidiables. Toreaba con suavidad y ritmo, era el prototipo de artista del toreo.

Era impredecible su comportamiento ante el toro, pues igual salía huyendo de un burel de poco respeto para luego descararse con otro grande y de temibles defensas. Todo cuanto hacía tenía personalidad.

Hasta sus famosas “espantás” resultaban impregnadas con su sello inconfundible.

Todo un personaje de época.

“MALETILLAS” Y ALUMNOS DE ESCUELAS TAURINAS

Con estas lineas no pretendo comparar a unos con otros sino simplemente reflejar las diferencias, que sí las hay, en la forma de comportarse y de actuar.

Los alumnos de las escuelas taurinas son de por sí unos privilegiados porque, al margen de las enseñanzas de tipo educativo y cultural que reciben, tienen la oportunidad de aprender la técnica necesaria con la que enfrentarse al toro.

Son mimados por sus profesores que los tratan con cariño y paciencia, todos ellos buenos profesionales, y en consecuencia, al cabo de un tiempo están en condiciones para poder iniciar el camino con que hacer realidad sus ilusiones. Algunos lo conseguirán y otros, desgraciadamente, no.

Lo que sí se puede observar, en gran parte de ellos, es que se portan en sus principios como si de un profesional curtido se tratase. Da la sensación de que les falta afición y parece que están de vuelta en esto y “no echan el resto” para triunfar a costa de lo que sea. Se justifican de una mala actuación diciendo que el toro no valía y se quedan tan tranquilos. Les falta ambición y emplean la técnica aprendida para salir indemnes, sin más. Se adocenan esperando el toro de carril y no aportan nada nuevo al toreo, no entusiasman, son vulgares y aburren.

Por haber tenido unos comienzos trillados de dificultades no saben valorar la cantidad de sacrificios y sinsabores que se han ahorrado hasta conseguir lo que han aprendido. Como han grabado en sus mentes un toro más o menos toreable y de parecidas características, cuando les sale el complicado de verdad andan a la deriva, les faltan recursos, no están preparados y, lo que es peor, no saben. Esto se adquiere con una afición y entrega que a ellos les falta. No aman a su profesión y parece que el motivo de haberla elegido no es otro que el beneficiarse de ella todo lo que puedan en el menor tiempo posible. Así les va.

Muy distinta era la trayectoria de los ” maletillas ” hasta que conseguían vestirse de luces. Su aprendizaje lo hacían de pueblo en pueblo, de capea en capea y, con algo de suerte, algunos lograban dar unos lances en algunas ganaderías los días de tienta. Su diario era una continua supervivencia en todos los sentidos. A pesar de sus penurias transmitían vida y ambición en todo cuanto hacían ante los morlacos con que se enfrentaban, que por supuesto no eran becerros. Eran autodidactas y competían entre ellos con ganas, ilusión y muchísimo arrojo a pesar de no conocer lo más basico del toreo. No les importaban las múltiples volteretas que se llevaban ni los disgustos serios que a veces tenían y siempre seguían con mayores ganas, pues la única verdad que tenían era el toro.

Estaban orgullosos cuando eran tenidos en cuenta porque necesitaban verse considerados por el público que asistía a las capeas. No se achicaban por nada y perseguían y buscaban sin desmayo su sueño. Podrían torear con mayor o menor lucidez, pero ponían el corazón en todo cuanto hacían.

Por supuesto que no todos alcanzaban su sueño, pero aquellos que lo conseguían se entregaban cuando les llegaba su turno y no les importaba que les cogiera el toro. Se levantaban y seguían, tenían amor propio. Lo importante para ellos era su entrega y no defraudar ni hacer el ridículo, lo demás ya vendría en el supuesto de que fuesen los elegidos.

COSAS MIAS

*** Hay toreros que todas las tardes hacen lo que saben, aunque la mayoría no saben lo que hacen.

*** Tiene más encanto un clavel solitario lanzado al ruedo con espontaneidad y admiración, que esos ramos tan sofisticados preparados de antemano.

*** La vida de un torero está plagada de momentos amargos. Sin lugar a dudas lo que mayor tristeza les puede producir es tener que pasar inviernos en pleno verano.

*** La penicilina es al ser humano lo que el temple al toreo.

*** La suerte que mejor ejecutan todos los toreros, siempre erguidos y a pies juntos, es la del brindis.

*** Algunas corridas resultan tan soporíferas que viene a la mente el hecho de que hubiese sido más racional alquilar almohadas en lugar de almohadillas.

*** Algunos matadores de toros son solo toreros de toros.

*** El torero cómico está impregnado de mayor seriedad que algunas faenas serias que solo rezuman comicidad.

*** Los que baten records de “audiencia” en una plaza de toros son los presidentes, cuando todo el público está pendiente de los pañuelos que sacan para la concesión de trofeos.

TODAS LAS VECES , NO

Toreando en Méjico una corrida de Piedras Negras con “Algabeño” y “Chicuelo” (padre), el 7 de diciembre de 1902, Rafael “El Gallo” fue corneado en la boca al colocar un par de banderillas, sentado en una silla.

Un aficionado mejicano, partidario del diestro, fue el que corrió con todos los gastos durante su restablecimiento.

Cuando reapareció y de nuevo pidió una silla para colocar los rehiletes de la misma forma que cuando resultó cogido, el aficionado partidario que le sufragó los gastos le gritó desde el tendido:

*** ¡ “Gallo” , a ver lo que haces porque te van a romper otra vez el “pico” y yo no pienso pagarte más composturas. !

FUERA DE LUGAR

Resulta comprensible y a todas luces lógico el que los toreros pidan protección divina momentos antes de enfrentarse a un toro. Es su vida la que ponen en juego y a pesar de sus conocimientos nunca está de más que les echen una manita desde las “alturas”.

En todos los cosos taurinos de fábrica, creo yo, existe una capilla en la que los “coletudos” ofrecen sus plegarias rogando salir con bien de lo que se avecina. Hasta aquí, todo correcto.

Lo que está fuera de lugar y es pura pantomima, es llevarlo a límites que se apartan de lo puramente entendible como natural.

Tal como se puede observar en la fotografía, el diestro mejicano Juan de Dios Salazar comenzó de forma genuflexa su aparición en el ruedo antes de iniciarse el paseillo. Era su presentación en Barcelona en el año 1964 y actuó con novillos de “Carreros” junto a Noguerito y El Arenero. No rezaría lo suficiente porque su segundo le cogió, aunque por fortuna el percance no revistió gravedad.

Sacando las cosas de contexto hace que afluya lo esperpéntico.

TOREAR ES OTRA COSA

Desde siempre torear ha consistido en burlar las acometidas del toro bravo con arreglo a unas bases técnicas que han tenido como fundamento para establecerlas las consecuencias desprendidas de los resultados de hacerlo de una u otra forma, analizando las ventajas e inconvenientes y el porqué de los mismos.

El torero tiene la obligación de domeñar con su inteligencia y sapiencia las acometidas del bruto animal, intentando salir victorioso en éste enfrentamiento.

Si lo consigue es que sabe torear, y si además lo hace con estética se convierte en artista. Importantísimo el saber ver las condiciones de cada toro para solventar felizmente lo que está haciendo.

La cogida no debe ser otra cosa que un simple error o una circunstancia ajena a la no aplicación de la técnica, en definitiva un accidente.

El arte no consiste en ser cogido una tarde sí y otra también. No se es mejor torero por eso. Con ésto solo se viene a demostrar que o se está carente de técnica o que se atropella la razón. Si ocurre lo último, se deduce que la inteligencia no está a la altura de lo que debiera.

Torear con emoción no es tener en vilo al espectador, de sobresalto en sobresalto, durante toda la tarde temiéndose lo peor.

Actuando de esa forma solo se consigue saciar el morbo de los que no son aficionados. Adquirirá fama y mucho dinero, pero torear no es eso.

La época de los gladiadores , afortunadamente, ya pasó.