Google

MANUEL JESUS “EL CID” Y SU TIZONA

August 12, 2008

Cuando se habla de la trayectoria profesional de éste torero siempre se pondera la perfección y templanza en su forma de ejecutar el toreo y como es capaz de sacar partido a la mayoria de las reses con las que se enfrenta, independientemente del encaste a que pertenezcan, pero inmediatamente se apostilla el comentario sacando a relucir el fallo con la espada.

Claro que echa a perder muchas faenas por culpa del estoque, pero hay que preguntarse si en realidad es justo el “sambenito” que le han colgado.

No creo que falle mucho más que otros toreros que están ahí arriba en los que no destaca tanto esta circunstancia.

Lo que sucede es que como son mayoría las faenas importantes que realiza, obras de arte, es entonces cuando más se nota el fallo con el acero. En faenas corrientes el marrar con la espada no se nota tanto, pues en realidad no es nada lo que se malogra.

Si no prodigase tantas tardes esas faenas llenas de arte y poderío, con toreo del bueno y pureza exquisita, sin duda alguna no llamaría tanto la atención la rúbrica con que finaliza las mismas. Lo que no se puede negar es que siempre ataca arriba y por derecho, y no olvidemos que los toros también tienen hueso.

Si a pesar de sus fallos se ha colocado en un lugar de privilegio en el escalafón y es una de las mayores figuras que existen actualmente, ¿qué pasaría si manejase el acero con la destreza que lo hacía su homónimo Rodrigo Díaz de Vivar en otros menesteres?.

Entonces habría que decir: ¡ apaga y vámonos !.

MIGUEL ANGEL PERERA Y UN PRESIDENTE

Todo ocurrió en la corrida del 9 de julio celebrada en Pamplona cuando un señor que ejercía de presidente, con su ignorancia y atropellando la razón, se cargó la ilusión de un torero no permitiendo que saliese en hombros, y la de la totalidad de los espectadores no concediendo el premio de las dos orejas solicitadas y que eran de justicia.

No supo ver como en el sexto de Fuente Ymbro ocurrió en el ruedo algo muy importante entre un torero y un toro. Le pasó inadvertido, o lo que es peor le trajo sin cuidado, que un profesional como la copa de un pino torease con mando, poderío y seguridad pasmosa. No vió como dándole el pecho al toro instrumentaba verónicas rematadas con la media, todo ello con muchísimo arte y torería.

Pasó por alto las tandas de derechazos y como, adelantando la muleta, embebía al burel y con mando y mano baja conducía su embestida con pases largos y profundos.

No vió los naturales en los que no le quitaba el engaño de la cara y los ligaba con los de pecho, todo ello hecho con rotundidad, poderío, templanza y muy seguro de lo que estaba haciendo.

Las estáticas y apretadas manoletinas las ignoró por completo. También se perdió esa estocada entera que tumbó a su oponente sin puntilla. Pasó de que la plaza se llenase de pañuelos y solo concedió el pírrico premio de un apéndice. Sabia decisión, pensaría el concienzudo señor.

Viendo esto hay que preguntarse, ¿tendría alguna idea de lo que es torear?, ¿cuántos conocimientos taurinos atesoraba para atreverse a presidir una corrida de toros?, ¿es posible que solo fuese osadía figurativa?

Si por el mero hecho de ostentar un cargo público a una persona se le considera apta para presidir desde el palco, mal asunto.

Además, ¿qué pintaba el asesor taurino?. En esta corrida, desde luego, no hizo honor a la confianza en él depositada.

¡ En qué manos dejan la Fiesta !

Perera, torerazo, perdónalos porque, aunque sin maldad, no saben lo que hacen.