Lidiar un toro
October 19, 2008Tan importante es, que debe comenzar con el primer capotazo que se le da y todo lo que a continuación se haga al toro tendrá como finalidad el corregir defectos y prepararlo para la suerte suprema, pues deberá llegar con las fuerzas precisas para que colabore y se le pueda estoquear sin que presente dificultades añadidas.
Teniendo esto en cuenta no se explica como hay matadores que permanecen indiferentes en los dos primeros tercios, sobre todo en el de varas, y permiten que los peones hagan y deshagan a su antojo. No les importa que se les pique de cualquier manera, el caso es que sangren. Picar al toro no es hacerle boquetes en su anatomía, su misión es otra bien distinta. Al toro hay que pegarle lo que haga falta pero con conocimiento de lo que se está haciendo y no concentrar todo el castigo en un alevoso primer puyazo que, además de no poder medir bien la fuerza del toro, impide el poder ver como entra de nuevo al caballo en varas sucesivas. Luego están la cantidad de trapazos, que no capotazos, que dan al toro para colocarle en suerte tanto en varas como en el tercio de banderillas, y que lo único que consiguen es restar pujanza al animal y resabiarlo.
El responsable de la lidia es el matador, pero parece que a la mayoría les trae sin cuidado y creen que con estar en su sitio, aunque no intervengan, ya han cumplido. Luego se quejan cuando en la faena les llegan las dificultades y no pueden con el toro. Dicen que era malo y la realidad es que están recogiendo lo que ellos sembraron. La negligencia no admite excusas.
Tanta era la importancia que se daba a la lidia en tiempos pasados que como muestra de ello tenemos lo que aconteció en Sevilla el 24 de agosto de 1917. Se celebró la corrida de la Prensa con ganado de doña Carmen de Federico, encaste Murube, que se presentaba por primera vez en ese coso, actuando “Gallito” como único espada. Aparte de la relevancia que de por sí tenía el festejo, quisieron darle más aliciente con el anuncio de que se rifaría entre el público la cabeza del toro que fuese mejor lidiado. No la del mejor toreado, ni la del más bravo, ni tan siquiera la del mejor presentado; se rifaría la de aquel cuya lidia hubiese sido la más eficiente y correcta. Todo un ejemplo de como se querían hacer las cosas. Igualito que ahora.
Cuando un matador es considerado figura indiscutible del toreo por ser capaz de hacer faena en casi todos sus toros, debemos tener presente que esto se debe a que , aparte de otras virtudes, es ante todo un buen lidiador. Sin lidia no hay toreo.





