Una tarde de toros
October 22, 2008La Fiesta de los toros, a diferencia de otros espectáculos con reglas fijas y a veces inamovibles, ofrece la oportunidad de poder disfrutarla a un público variopinto y de concepciones dispares en cuanto a la valoración de lo que se le está ofreciendo en el ruedo. Cada uno tiene sus preferencias y puede esteriorizarlas a su buen saber y entender.
Como al arte no se le puede encorsetar, admite cantidad de mandamientos y es rico en tendencias y en gustos, de ahí el gran abanico que se nos abre para pasarlo bien cuando asistimos como espectadores a una corrida de toros.
La grandeza de este espectáculo radica en que cada tarde el ruedo se transforma en una pinacoteca en la que los asistentes siempre tendrán la oportunidad de disfrutar y grabar en su mente alguno de los lienzos que se exponen a lo largo de la tarde y, en consecuencia, dar por bien empleada su asistencia. En el caso de no gustarles ninguna obra, resultará casi imposible que ni siquiera puedan admirar alguna que otra pincelada de las muchas que conforman un lienzo.
Una de las mayores ventajas que tendrá el público asistente es que podrá transformarse en jurado con voz y voto y así valorar las obras de arte que se hagan en el ruedo; sobre la marcha, según se van produciendo, sin recomendaciones y con una espontaneidad que emanará limpiamente de lo más profundo de su sentimiento. Que no es poco.





