Hablar de toros
October 28, 2008De pintorescas pueden catalogarse esas tertulias cuyos integrantes tiene como denominador común su afición a los toros. Con gustos dispares, cada cual expone los suyos con la convinción de que son los que se ajustan más a la verdad. Los defienden con ahinco, no faltando quien levante la voz y gesticule para dar mayor realce y credibilidad a sus palabras. Comparan estilos y tiempos, intentando convencer a los demás de que lo que ellos dicen es virtud y lo demás pecado. Al final todo quedará como empezó, pero eso es lo de menos.
La polémica entre aficionados es el factor más importante que hace que la Fiesta tenga interés y perdure, y el reclamo más efectista para que los que se asoman a ella por primera vez se involucren y tomen partido. Sin esa polémica derivada por la diversidad de criterios, cualquier espectáculo de masas estaría condenado al fracaso. Es el abono idóneo para que la cosecha sea fructífera, que en definitiva es de lo que se trata. Todas las opiniones son respetables, pero es que además en todas ellas siempre hay algo de verdad.
Teniendo en cuesta que el toreo es una lección inacabada, es necesario estar abierto a posibles innovaciones que cualquier torero pueda aportar, -no debemos quedarnos en el tiempo-, siempre y cuando no atente contra lo intrínseco del mismo. No olvidemos tampoco que el arte es una expresión de sentimientos y que cada torero tiene el suyo, y por tanto lo llevará a cabo tal y como lo sienta. Todos son respetables porque cada uno de por sí viene a formar parte de un todo, que en definitiva es lo primordial.
Al final se acabará la tertulia y la mayoría se marchará convencido de que los demás son unos indocumentados, que no tienen ni idea de lo que es el toreo, y que es la Fiesta quien sale perdiendo por no pensar todos como él y no comulgar con sus mandamientos.
Esto es lo que menos importancia tiene porque volverán a reunirse y seguirán dando vida al espectáculo que más quieren, al que más queremos.





