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¿ Quien sabe de toros ?

November 5, 2008

Muchos han sido los profesionales que a lo largo de su vida, teniendo como base su experiencia, han dado consejos-reglas con el fin de que se tenga más seguridad a la hora de enfrentarse a un toro.

Fue Pepe-Illo quien sacó a la luz (se supone que dictó sus experiencias y fue José de la Tixera quien las escribió) las primeras normas y el método que debía seguirse para salir con bien de las acometidas de un toro. Explicaba que para conseguir eso era preciso tener conocimiento de la acción defensiva y ofensiva que tienen los toros, y que usándolos con inteligencia era imposible que el animal pudiese coger al torero. A pesar de dar a conocer lo que debía hacerse y cuando más experiencia tenía por lo mucho toreado, cayó victima de un toro.
(José Delgado murió en Madrid el 11 de mayo de 1801. En tal fecha se celebró una corrida completa, -sesión de mañana y tarde-, siendo en la segunda cuando actuando con José Romero y Antonio de los Santos, con toros de José Rodriguez, de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), fue corneado por el lidiado en séptimo lugar de nombre “Barbudo” que le introdujo el pitón izquierdo en el estómago, falleciendo momentos después).
¿Cómo es posible que aquel que dictó unas reglas para librarse de todo mal ante los cornúpetas fuera víctima de uno de ellos?.
Se sabe que era rival de Pedro Romero y que nunca admitió los consejos de éste, pues su vanidad le impedía tener en cuenta otra sabiduría que no fuese la suya. Aunque esto no fue el motivo condicionante de tan trágico fin, la realidad es que todo su saber resultó baldío.

Punto y aparte merece el que considerado en la historia del toreo como el más poderoso y conocedor de los toros que ha existido, cayese igualmente ante las astas de un cornúpeta. Me refiero, lógicamente, a Joselito.
Torero extraordinario desde sus comienzos y que podía con todos los toros, nadie le ganaba en amor propio. Durante siete años estuvo comandando el escalafón, pasando del centenar de corridas en todos ellos. Cuando cayó herido mortalmente en Talavera de la Reina el 16 de mayo de 1920 por el toro “Bailaor” de la Vda. de Ortega, nadie quería creer la realidad de lo acontecido.
¿Cómo era posible que un torero considerado como invencible, poseedor de unos conocimientos lidiadores fuera de lo normal, hubiese fallecido ejerciendo su profesión?.

Aun siendo representativos estos dos casos, no hay que olvidar a otros muchos que de igual forma pagaron a la Fiesta el tributo de más valor; su vida.
Viendo lo acontecido en el devenir de los tiempos podemos afirmar que como cada toro es un mundo distinto, por muchas reglas que hayamos aprendido nunca serán suficientes, siempre saldrá alguna con qué engordar la enciclopedia y nos quedará todavía mucho por aprender. Los despistes delante de la cara del toro son las excepciones que siempre traen consecuencias, de la índole que sean, irreparables.

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