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Segundo tercio

November 8, 2008

Mucho se ha hablado y se sigue hablando de que en la suerte de banderillas lo que debe primar es la brevedad.

Todos los tercios deben tener su tiempo y no veo el porqué deba acortarse el de ésta suerte, aduciendo tan solo a que no es fundamental en la lidia de un toro. Se le acusa de mermar las facultades del animal y por tanto de perjudicar al matador para la faena de muleta.
Haciendo las cosas bien, poco castigo se le infringe. Lo que pasa, es que el problema radica en que los toros no duran un pimiento. Tanto preservar al bicho para el último tercio, no habrá más remedio que suprimir el que nos ocupa y, a la vuelta de la esquina, habrá que hacer otro tanto con el de varas.

Aunque la brevedad deba ser lo primordial no debería estar reñida con lo que de espectacular conlleva esta suerte, no debiéndola tomar como mero trámite para acceder al siguiente tercio sin importar el cómo se la lleve a cabo; olvidándonos que con esto se le priva al público de disfrutar de algo realmente bello. Lo que ocurre muy a menudo es que los subalternos renuncian a lucirse, unos porque no saben y los más por no disputar las palmas a su matador, olvidándose de que en esos momentos son ellos los verdaderos protagonistas y que no deben “esconderse” ni dejar de monstrarnos el arte que atesoran.
Actuando así lo único que consiguen es olvidarse de su condición de artistas, comportándose como simples asalariados del torero que les contrata; aparte de que sin proponérselo están acabando con el esplendor que siempre ha tenido éste tercio.

¿Qué clase de profesionales son los que impiden que los toreros de plata ejerzan su trabajo con lucimiento?. Aunque parezca mentira, los hay. Son los “mediastintas” de esta profesión que sienten envidia por todo y por todos. Nada más tenemos que fijarnos en la cara de circunstancias que ponen esos “maestros” cuando consienten desmonterarse al exitoso de turno. Receloso el banderillero mira de reojo a su jefe y saluda con miedo, como si esperara el “rapapolvo” al final de la corrida o, lo que es peor, el despido en caso de que ésta circunstancia se repitiese con más o menos asiduidad.

Por el contrario que bonito es, también ocurre, cuando el matador pone cara de alegría tras la actuación de su compañero, - no trata a su gente como peones -, y escucha la ovación que les dedican con la misma satisfación que si se la diesen a él.

Si los tercios de banderillas se dilatan tanto es por la cantidad de capotazos que dan al toro para colocarle en suerte; a veces lo cansan a “trapazos” para al final dejarlos en el mismo sitio en que le dieron el primero.

No permitamos que entre unos y otros se termine con el segundo tercio, pues resulta siempre muy bello cuando se banderillea rápido, en cualquier terreno, pero no olvidándose de aunar la eficacia con la brillantez.

¡ Con la cantidad de tan buenos banderilleros como tenemos !.

1 Comment »

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  1. Tanto querer sacar toros para que embistan y den espectáculo se han olvidado los ganaderos de la raza y de la casta,la mayoria no valen para nada y a los primeros capotazos ya están con la lengua fuera.Están matando la gallina de los huevos de oro y eso si que es penoso.

    Comment by Leonardo — December 5, 2008 @ 2:31 pm

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