Los partes médicos
November 9, 2008Cuando por cualquier circunstancia un torero no se encuentra en condiciones óptimas, en cuanto a salud se refiere, para hacer frente al compromiso contraído, de inmediato surge el certificado médico que le libera del mismo. La mayoría de las veces justifican su razón de ser, aunque en otras se esconde tras ellos una realidad tan aviesa como el no comparecer por motivos ajenos a su estado físico. Picaresca a la que se echa mano para evitar participar en una corrida en la que los toros a lidiar no son del agrado del coletudo, o bien formar parte de una terna en la que alguno de los integrantes no son santos de su devoción; vaya usted a saber por qué motivo, aunque es muy fácil de imaginar. Si a todos los partes se les verificara su autenticidad, algunos mentirosos sí que nos encontraríamos.
El 23 de septiembre de 1908 se iba a celebrar en Valladolid la tercera de feria con toros de Miura. Todos los que habían visto el ganado manifestaban que se trataba de un encierro mastodóntico.
Rafael “El Gallo” envió un certificado médico en el que justificaba su ausencia por lesión y por tanto no acudiría a la cita. Enterada la autoridad de que el torero iba en el expreso de Irún-Madrid, recelando del subsodicho parte, le hizo descender del tren para verificar la autenticidad de su lesión y hacerle un reconocimiento médico en el Gobierno Civil. Todos quedaron tranquilos cuando se le apreció una luxación en su mano derecha, -se la hizo toreando en Bayona-, que le impedía actuar esa tarde.
Aunque no deberíamos dudar de las conclusiones científicas con que los galenos certifican la imposibilidad de que un torero pueda torear, ocurre que a veces, y dadas las circunstancias de algunos momentos, nos hacen volvernos recelosos y llegamos a pensar que …





