Sálvese quien pueda
November 18, 2008Viendo la forma de comportarse de algunos toreros, bastantes, nos damos cuenta de que son unos perfectos vanidosos.
Su pedantería llega a tales límites que cuando tienen a bien cruzar algunas palabras con alguien que está fuera de su entorno, lo hacen con tal aire de suficiencia y arrogancia que parecen indicar que es un privilegio el que “tamaño personaje” se rebaje y se digne a conversar con ellos.
Consideran una blasfemia y no toleran que en su presencia se hable bien de un compañero, aún a sabiendas de que es infinitamente superior a ellos. Viven en una nube al amparo del “sobeteo halagador” de sus más fieles y se endiosan, pero ocurrirá que cuando les lleguen sus horas bajas, que les llegarán, y se vean olvidados por la mayoría de los que les endulzaban su “ego”, se darán cuenta de que su comportamiento fue todo un error y que lo vivido ha sido algo surrealista, humo, solo humo.
Terrible decepción la suya.





