No es ese el camino
December 10, 2008Siempre ha destacado Sebastián Castella por su enconado afán de hacerse un hueco entre los que dicen algo en esta profesión. A fé que lo ha conseguido y hay que decir en su favor que nunca escatimó esfuerzos.
Como todos los que se encuentran en ese lugar están abocados a tener seguidores y también detractores, necesarios los dos para poder testificar que uno es alguien en esto. Todo resulta normal si lo que se ataca o defiende está relacionado con su forma de hacer el toreo; cuando la polémica se va por derroteros tales como el comportamiento humano dentro y fuera de la plaza, ya es harina de otro costal.
Dice que a los detractores que se meten en su terreno personal no los tiene ningún respeto. Como personaje público debería no dar pié para que la gente hablase de otras cosas que nada tienen que ver con su forma de torear pero que, le guste o no, forman parte del día a día en los mentideros taurinos. Aunque no lo crea es importantísimo.
Con fecha 12 de septiembre del pasado año y bajo el título de “Es de bien nacido ser…” ya comenté en éste blog su ruptura con José Antonio Campuzano. El motivo que adujo para abandonarle fue un escueto “usted ya no me sirve”. Tremendamente duro. No le importó el cariño con que fue tratado, le acogió en su casa como a un miembro más de la familia, ni los desvelos para ponerle en torero. Cierto es que sin materia prima es imposible elaborar cosa alguna y que Castella se encargó de proporcionársela. ¿Que con otra persona hubiese llegado al mismo lugar en que se encuentra?. Muy posible; pero la entrega del hombre que se partió el pecho por él, que le allanó el camino y que se llevó dos cornadas al intentar librarle del peligro ante la cara del toro no pueden borrarse de un plumazo y sin un atisbo de agradecimiento. Corazón de piedra se llama a esto e indeseable bagaje para andar por el mundo. De todas formas estaba en su derecho.
Dice que es serio pero no antipático. Pues bueno. Con los compañeros afirma que se lleva bien pero con las excepciones que en toda regla existen. En su relación con Miguel Angel Perera aclara que todo viene a cuento porque en San Sebastián de los Reyes después de torear juntos asistieron a una tertulia y que le pareció que el extremeño no quería saludarle y que por ese motivo cuando finalizó el acto no se despidió de él. Tiempo después, en Albacete, al coincidir en el patio de cuadrillas fue a saludar a Perera y éste no quiso estrechar la mano que le ofrecía. A partir de esa fecha afirma que no quiere saber nada de él. En el reportaje que televisaron sobre ese suceso vimos que efectivamente Miguel Angel no le dió la mano, pero también es cierto que de palabra le saludó con un ¡hola!. Habría que escuchar a las dos partes para saber quién lleva razón y entender mejor este distanciamiento entre compañeros; pero si tenemos en cuenta que la respuesta de Castella a ese ¡hola! fue un “gilipollas”, muy clarito y con sorprendente acento castellano, la cosa cambia un poquito y esa falta de respeto no es la mejor premisa para que el silogismo se incline a su favor. Insultar siempre ha sido cosa fea y bastante negativa.
Cuando uno no da motivos no le cargan ningún “sanbenito”. Cosa mala si uno no ve más allá de “su mundo”.
Mala consejera es la soberbia.
Foto Javier Arroyo





