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La crítica taurina

January 31, 2009

El diccionario de la lengua dice que criticar es el juzgar de las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte. De igual modo es censurar, notar, vituperar las acciones o conductas de algunos.
Ateniéndonos a su definición en su más pura acepción, nos daremos cuenta de que la crítica taurina no existe más que en contadas ocasiones ya que la misma no se hace con la ponderación y objetividad que son necesarias.
Normalmente, siempre hay excepciones, las críticas más bien parecen meras gacetillas de lo que ocurre en el ruedo. La labor de un crítico es decirnos y hacernos ver el porqué una faena ha sido buena o mala, los defectos o virtudes con que se haya llevado a efecto, el porqué de si la lidia ha sido la correcta o no, …
Viene sucediendo que, como a menudo son los mismos revisteros los que van de feria en feria encargándose de relatarnos cuanto acontece en los ruedos, repiten sus juicios con profusión de adjetivos para ensalzar lo bueno que haya podido hacer el torero y en cambio rehuyen la crítica por lo que de perjudicial pueda tener para ellos.
Tratan, no todos, de justificar una mala actuación del torero de turno echando la culpa al ganado, a veces sí la tiene, y algunos se atreven a justificar la nula entrega de algún coletudo diciendo que no pudo hacer nada porque el toro que le tocó era a contraestilo; le absuelven del “pecadito” cometido y aquí no ha pasado nada.
¡ Qué barbaridad !. ¿ No hemos quedado en que todos los toros tienen su lidia ?.
Ahora va a resultar que los ganaderos deberán hacerse un fichero en el que se indique las características y forma de torear de cada torero para tratar de criar sus toros a la medida y gusto del consumidor.
Lo que si es verdad es que hoy en día la mayoría de las críticas se hacen con una calidad literaria digna de elogio, pero en contra se olvidan a menudo de que lo verdaderamente importante, decir toda la verdad, brilla por su ausencia.

Sin comentarios

Yo particularmente no le veo la gracia a lo que hace Talavante delante de esta becerra, me parece una falta de respeto al animal y a su profesión.

Y como así lo siento así lo digo…


Lo más complicado

January 30, 2009

En cualquier faceta de la vida siempre hay cosas que se nos antojan más fáciles de hacer y que se llevan a cabo con menos esfuerzo que otras que, por el contrario, se nos atragantan y necesitamos de mayor concentración y esfuerzo para llevarlas a buen fín.
En el toreo pasa lo mismo, siempre existe ese pase o suerte en que el torero se ve más negado y que a veces le lleva por la calle de la amargura el poder realizarlo.
Rafael “El Gallo” no iba a ser una excepción y tenía bien claro cual era para él aquella circunstancia que le quitaba el sueño cuando estaba toreando.
— Para usted maestro, ¿cuál ha sido la suerte más difícil de hacer?.
— Alcanzar el burladero.

Contaban que …

*** Curro Romero: ” Sencillamente no es que le tenga miedo al toro. Lo que me ocurre es otra cosa: que cuando me sale un toro con el que veo que no puedo hacer el toreo, me desplomo, me hundo interiormente, y esto es lo que pasa. La gente va a la Plaza a ver si a Curro le sale su toro, y no piensa que yo salgo todas las tardes en busca de él, pues mi miedo, mi auténtico miedo, no nace del toro, sino de mi propio concepto de la responsabilidad. Si no puedo hacer el toreo con un toro que se preste a ello, ¿qué adelanto con andar ante los pitones sin ton ni son, si la gente ha ido a verme torear y yo no se hacer otra cosa?. ”

*** Pedro Romero: ” Fuimos siete hermanos, seis varones y María Isabel. Cuatro fuimos toreros: Juan Gaspar, José, yo y Antonio. El primero y el último murieron ante las astas de un toro. A Juan Gaspar, el único que no llegó a matador de toros, le mató un toro en la Plaza Mayor de Salamanca. Cuando ocurrió esto tenía diecinueve años y actuaba esa tarde a las órdenes de mi padre. Fué tanta la sed de venganza que me entró que, a pesar de la negativa de mi padre y sin tener la venia de la autoridad, cogí el estoque y tumbé al morlaco de una estocada.
Fué tanta la impresión que tuve que me marché a Ronda y estuve un año sin querer saber nada de esto. ”

Casi ná con el nombrecito

January 29, 2009

En caso de que éste personaje al que vamos a hacer referencia hubiese optado por colgarse algún apodo, sin duda alguna el más apropiado hubiera sido el de “El Apellidos”.
Los condes de Villamanrique del Tajo rebosaban de felicidad cuando el 16 de noviembre de 1803 les nació un vastago que llenó de alegría su hogar. El recién nacido vino a llamarse, ni más ni menos, Rafael Pérez de Guzmán El Bueno y Fernández de Córboba; y cordobés para más señas.
Sus padres intentaron relacionarle desde bien temprano con gente de alcurnia tal y como correspondía a su rango, pero al inquieto chaval le tiraba más el codearse con gentes de menor abolengo y frecuentaba la compañía de mujeres, majos, toreros y con todo aquello que le pudiese proporcionar aventura. Gustaba de todo lo relacionado con los toros y siempre andaba metido en faenas de tienta, de acoso y derribo y toreando siempre que tenía ocasión; cosa que no se le daba mal del todo. Decidió ser torero e ingresó en la escuela que dirigía Pedro Romero.
Por su caracter abierto, amante de las juergas, expléndido con el dinero y ser alegre y bastante simpático, pronto se dió a conocer y gozó de mucha popularidad; todos querían tenerle por amigo y las mujeres corrían a su vera.
Juan León se lo llevó con él a torear en Aranjuez el 29 de mayo de 1831 una corrida de doña María de la Dehesa en la que también actuaban Roque Miranda y Francisco Montes “Paquiro”. Fué este último quién solicitó permiso para cederle a Rafael la muerte del toro “Gascón”, cosa que hizo de una buena estocada en la suerte de recibir. El 5 de junio siguiente le fué cedido el toro “Serrano” de don José Pinto al que también lo tumbó de un soberbio volapié; como mientras le cuadraba perdió la muleta, y no queriendo agacharse para recogerla, sacó de su bolsillo un pequeño pañuelo de seda que llevaba y de esta guisa se tiró a matar.
La alternativa la tomó en Madrid el 13 de junio de 1831 alternando con Manuel Romero Carreto y Pedro Sánchez “Noteveas” -medio espada-. Aunque su labor no fué nada del otro mundo, acabó con el cuarto de media recibiendo y un soberbio volapié siendo muy del agrado del público que le auguró un halagüeño porvenir.
Fué tenido en cuenta y toreó a menudo con los que en aquel entonces gozaban del mayor respaldo del público. En la temporada de 1837 logró torear diez corridas en la villa y corte.
Fué anunciado en Madrid para torear el 23 de abril de 1838 junto a “Paquiro” y “Rigores”. Cuando se trasladaba a la capital fué asaltado por unos bandoleros el coche correo en que viajaba, en término de La Guardia (Toledo). Rafael tomó parte en la refriega que se originó entre la escolta militar que les acompañaba y los asaltantes y a resultas de la misma acabó sin vida.
Los dos compañeros de cartel que debían actuar con él ese día, entregaron a su viuda los mil reales que le hubiesen correspondido.

Cosas mías

January 28, 2009

*** Como el miedo es la virtud de la prudencia del instinto de conservación, qué alivio es tener esto en cuenta todos aquellos que no han sido capaces de ponerse nunca delante de un toro, o becerro al menos, y dar unos capotazos.
Ahora podrán decir que el motivo de no haberlo hecho no ha sido por falta de valor, simplemente que su virtuosidad no se lo ha permitido.

*** Los toreros son como las campanas de las Catedrales. Todas ellas tienen la misma forma, aunque cuando se las hace sonar es entonces el momento en que verdaderamente se aprecia su diferencia.

*** Durante la faena de muleta y en determinados momentos podemos escuchar como a veces el torero acompaña la trayectoria del pase con unos sonidos guturales que vienen a ser como la musiquilla que adorna el “sentir” y la profundidad del muletazo.
Otra cosa es cuando esos sonidos aumentan de tono y son continuos. Parece que nos quieren hacer ver el esfuerzo que están haciendo y lo “machos” que son ante el peligro. En realidad no demuestran más que su poca capacidad para dominar al toro y carecer de esa técnica que bien empleada deriva en arte. Más bien lo que hacen con ello es poner en funcionamiento el escape libre del miedo.

*** Mucha gente que asiste a una corrida de toros es propensa a equivocar conceptos. No sabe ver la diferencia que hay entre ser entendidos con la de sentarse en tendidos.

*** Tarde tras tarde vemos como muchos turistas abandonan sus localidades antes de que termine la corida. Es posible que esto ocurra debido a la poca información que tienen en cuanto al rito y secuencias del espectáculo.
Ocurre que si cuando entran, casi siempre tarde y a destiempo, ven que se está picando al animal y observan que en el siguiente toro vuelven a salir otra vez los picadores al ruedo, se dicen entre ellos: ¡ vámonos que aquí es donde entramos !.
¡ Para qué ver dos veces la misma película !.

A los torerillos muertos

January 27, 2009

Ya tus sueños de gloria ves truncados
tus sentidos apagando, casi quedos,
tu cuerpo dolorido está tumbado
en madera gastada por los miedos.

Con golpes castigada en la contienda
de continuo tu vida va muriendo,
y la muerte con sombra polvorienta
esperando que el vivir vaya durmiendo.

No atendiendo a razones esgrimidas
sin permiso tu respiro va quitando,
qué injusta es la muerte con la vida
qué orgullosa el corazón te va parando.

A que el río de su sangre esté estancado
sin desmayo te acompaña sigilosa,
cuando cese su correr desenfrenado
compañera a tu lado está gozosa.

Ya se extingue el candil de tu agonía
temeroso de asesino resoplido,
acercándose la noche más sombría
a tus días de trasiego, te ha vencido.

Sucedió que …

January 26, 2009

*** En el primer festejo que se celebró en la plaza de toros de las Ventas del Espíruto Santo, el 17 de junio de 1931, se lidiaron toros de distintas ganaderías, siendo una de ellas la de don Agustín Mendoza.
Aunque a la mayoría no les diga nada ese nombre, se trata de una ganadería de postín que ha venido a ser “madre” de muchísimas de las que actualmente existen.
Nos estamos refiriendo, ni más ni menos, que a la del Conde de la Corte y que por motivos de fobia monárquica en aquel entonces, no le fué autorizado anunciarse con su nombre.

*** También en corrida inaugural, esta vez de la antigua ubicada en la carretera de Aragón de Madrid, el 4 de septiembre de 1874, ocurrió algo insólito y que no deja de tener su gracia.
Cuando “Bocanegra” llegó a la plaza acompañado de su cuadrilla, Manuel Bienvenida que actuaba a sus órdenes saltó del coche en que iban y, sin hacer caso de nada ni de nadie, se fué corriendo hacia su interior. Cruzó el patio de cuadrillas y tan rápido como pudo se plantó en el ruedo; estuvo unos segundos y yan con tranquilidad se encaminó en busca de su matador y compañeros de filas. A instancias de “Bocanegra” y tras haberse disculpado por su forma de proceder, les dijo: ” Soy el primer torero que, vestido de luces, ha pisado esta plaza, en la que Dios quiera que mi apodo se haga famoso”. ¡ Y vaya si se hizo famoso !.

*** Con seis murubes se encerró “Joselito” como único espada en el coso andujano en donde se encontraba como espectador “Guerrita” y a quien el matador le brindó uno de sus toros. Cuando realizaba la suerte suprema fué alcanzado por el cornúpeta aunque por fortuna la cogida no tuvo importancia.
Cuando llegó a las tablas dijo “Joselito”: ¡ a ver si es así como se matan los toros !.
Finalizado el festejo y ya en la fonda “Guerrita” le regañó por su gran entrega en la estocada:
— Mira que eres tonto, ¿ te vas a dejar matar por un toro en una plaza de pueblo ?.
— Es que en ese pueblo estaba usted, y a usted le había brindado la muerte de ese quinto toro.
— A ver si te crees que si no eres tu el que toreabas en Andújar hubiese venido. ¡ Cualquiera me saca a mí de Córdoba !.

¡ Tal para cual !.

¡ Qué gran obra la suya !

January 25, 2009

Ricardo Torres y Reina “Bombita” logró auparse al carro de los famosos del mundo taurómaco por méritos propios. Nacido en Tomares (Sevilla) el 2o de febrero de 1879, falleció en la capital hispalense el 29 de noviembre de 1936. Tomó la alternativa el 24 de septiembre de 1899 formando terna con “Algabeño” y “Dominguín”, estoqueando al toro “Cachucho” de Veragua. Dominaba todas las suertes y pronto formó parte de la pareja de moda de aquel entonces junto a “Machaquito”. Destacaba su arte y dominio en todo cuanto hacía aunque a pesar de ello recibió múltiples cogidas que le hicieron perderse muchos contratos. Viendo como otros compañeros que además de pasar como él por el amargo trago de las cornadas tenían que padecer penurias en su vida cotidiana, fué lo que le indujo a crear el Montepío de Toreros con el fin de paliar en lo posible las necesidades de los menos favorecidos en la profesión.
Como agradecimiento a su magnífica obra, el 20 de junio de 1923 le impusieron en el teatro Rey Alfonso de la capital la Gran Cruz de Beneficencia de manos del novillero “Recajo”, al que hubo que amputarle una pierna a consecuencia de una cornada.
En ésta ocasión la sonrisa perenne del ilustre matador desapareció de su rostro y por contra aparecieron unas lágrimas mientras agradecía a la concurrencia la distinción que le hacían con estas palabras:
” Mi suerte y las circunstancias me colocaron en un puesto donde me consideraba como el padre adoptivo de mis compañeros. El verlos heridos y el comtemplar el cuadro de miseria que invadía sus hogares, dieron vida a la idea de crear la Asociación. De no haberlo hecho me hubiera ido del toreo y del mundo con el remordimiento de no haber cumplido con mi deber. ”
Qué contentos se debieron de sentir todos los toreros al contemplar como en la calle Bocángel de Madrid, muy cerquita de la plaza de toros de Las Ventas, tenían un precioso Sanatorio para uso exclusivo de ellos. Sabían que a pesar de los sinsabores que conlleva cualquier percance disponían de una “casa” en la que serían tratados con sumo cariño y, al fín y al cabo, no dejaban de estar entre los “suyos”.
Romántico y bello edificio que, por desgracia, se quedó pequeño y costoso de mantener y aunque desapareció físicamente aún perdura en la memoria de muchos.

Fuerte como un roble

January 24, 2009

Córdoba, la Sultana, vió como aumentaba su censo con el nacimiento de, el 4 de octubre de 1784, Francisco González Díaz “Panchón”. El apodo es presumible que se lo pusieran debido al color de su cara, de tonalidad muy similar a la del pan moreno de aquel entonces y al que se le conocía con esa denominación.
Cuando contaba doce años Pedro Romero se lo llevó a la plaza de toros de Ronda colocándole en la cuadrilla de su hermano José con el que permaneció hasta 1802, actuando luego en diversas cuadrillas hasta que el 22 de mayo de 1815 tomó la alternativa de manos de José María Inclán. Un lustro después la confirmó en Madrid, el 20 de mayo, de manos de Antonio Ruíz “El Sombrerero”.
Aunque carente de cualidades artísticas y casi en “ayunas” en cuanto a conocimientos técnicos se refiere, alcanzó cierto auge y notoridad debido a su extraordinaria fortaleza física y notable agilidad, que unidas a su gran pundonor y a las barbaridades que hacía ante los toros consiguió que el público le tuviese en cuenta y aplaudiera sus actuaciones. En cierta ocasión toreando en Madrid pinchó dos veces en hueso, y en las dos ocasiones partió el estoque debido a la fuerza con que atacó. Toreando en Córdoba, un toro se le arrancó de improviso y cuando ya estaba a punto de cogerle le obsequió con tal puñetazo que le hizo cambiar de dirección.
El 14 de julio de 1828 se lidiaron en Madrid tres toros de Gavira y otros tantos de Juan Domínguez, de Utrera, para “Panchón” y Manuel Parra; asistiendo al festejo el rey Fernando VII. En tercer lugar saltó a la arena uno de los toros de Domínguez que fué picado por Cristobal Ortíz y Juan Marchena “Clavellino”; le dieron veinte puyazos, derribó seis veces y mató a tres caballos. Como a pesar del castigo el animal llegó con mucha fuerza al tercio final, “Panchón” trató de abreviar y le recetó media estocada bastante caída. Cuando el burel se sintió herido emprendió una carrera por el ruedo sin que hubiese forma de pararle y en su loca carrera se enfrontiló con el espada encunándole contra la barrera. “Panchón”, apoyando la espalda contra las tablas agarró al toro por los cuernos y a base de fuerza logró hacer el suficiente hueco para salir del apuro sin mayores consecuencias.
La ovación que le dieron fué de época y Fernando VII, estusiasmado por la gesta, le concedió una pensión vitalicia de cien ducados además de nombrarle administrador de sales y más tarde conductor de correos.
Cuando tenía cincuenta y dos años, 1836, quedó cesante de esos menesteres y decidió volver a los ruedos. Deteriorado ya de facultades y sin haber toreado apenas nada acudió a Hinojosa del Duque (Córdoba) el 22 de agosto de 1842 para enfrentarse a una corida de Guadalcázar. El toro “Bragao”, después de haber mandado a la enfermería al picador Francisco Rodriguez y al banderillero Rafael Bejarano le corneó en el vientre de forma tan violenta que sin poder recuperarse falleció el 8 de marzo de 1843.
A pesar de no haber destacado en su profesión por sus esquisiteces, está catalogado como el primer matador de renombre nacido en Córdoba.

Ese toro es mío

January 22, 2009

“Cúchares” y “El Chiclanero” iniciaron por su cuenta una competencia intentando satisfacer a los públicos y demostrar cual de ellos ganaba la supremacía al otro.
En 1851 tuvo lugar en la plaza de toros de Madrid una corrida en la que actuaban juntos y en la que estaba contratado José Redondo como primer espada. Antes de comenzar el festejo subió el de Chiclana al palco para reclamar el derecho a matar el primer toro tal como constaba en el contrato, privilegio que le fue concedido por el presidente, el duque de Veragua.
Enterado de esto Francisco Arjona, hizo lo propio alegando en su favor el ser más antiguo en alternativa. El presidente con una postura muy “pilatera” también le concedió ese privilegio y así quedaron las cosas.
Y ocurrió lo insólito. Cuando sonaron los clarines anunciando el último tercio, los dos espadas se fueron al unísono a brindar el toro y acto seguido se dirigieron hacia el morlaco, codo con codo.
“El Chiclanero” le dió los dos primeros muletazos e intervino a continuación el subalterno “Galleguito” que se llevó al toro a punta de capote. “Cúchares”, que le estaba esperando con la escopeta cargada, le endilgó un golletazo que terminó con la vida del animal.
La bronca que se montó fue de órdago aunque la sangre no llegó al río y, de ésta manera, cada cual se salió con la suya.

Cartel con pelos y señales

Para el 5 de noviembre de 1848 el Ayuntamiento sevillano programó una corrida de toros con el fín de celebrar el felíz alumbramiento de ” La Serenísima Señora Infanta “.
En el festejo se lidiaron ocho toros de don Diego Hidalgo Barquero.
En el cartel anunciador y en el espacio destinado a reseñar a los matadores actuantes, decía textualmente:
# Espadas: El célebre Francisco Montes , de Chiclana, que sin embargo del mal estado de su vista y de estar casi inútil de la mano derecha, se ha prestado gustoso a hacer lo que pueda, en obsequio al objeto a que se dedica la función; y los acreditados Francisco Arjona Guillén, de Madrid, y José Redondo, de Chiclana. #
Con tal “parte médico” en los carteles, todos estaban enterados de antemano de que Francisco Montes podría defraudar a los asistentes al festejo durante su actuación.
No hay que ser un adivino para suponer que el tal Montes, amparándose en su precario estado físico, declinara en matar al cuarto toro que le correspondía y, como es lógico, la gente lo comprendió y allí no pasó nada.
El que avisa no es traidor.

El toreo cómico

January 21, 2009

Corría el año 1916 cuando de una manera fortuita nació lo que vendría a conocerse bajo el nombre de “charlotadas”.
De la mano de Eduardo Pagés vino a Barcelona el entonces afamado actor cómico - un genio de la interpretación - Charles Chaplín con el compromiso de torear un novillo en la Plaza de Las Arenas. Anunciado el acontecimiento el actor dió la “espantá” en la víspera de la fecha concertada dejando al empresario con tres palmos de narices. Don Eduardo, haciendo gala de su ingenio, solucionó el problema contratando a Carmelo Tusquellas, torerillo por aquel entonces sin grandes esperanzas taurinas para que suplantara al “desertor”.
El 8 de mayo de ese año fué la fecha en que tuvo lugar la actuación del falso “Charlot” y fué tal el éxito alcanzado - la gente no se dió cuenta del cambio - que ocho días más tarde hubo repetición, aunque ésta vez se notificó al público la identidad del actuante.
Viendo Pagés la viabilidad de éste espectáculo y convencido de la repercusión que podía tener se animó a formar una cuadrilla llamando para ello a Rafael Dutrús, novillero valenciano de gran estatura y que como vestimenta usaría frac y chistera, -”Llapisera” en los carteles -, y a un banderillero que haría el papel de “Botones” y luciría el traje característico de los mozos de hotel.
Actuaron por primera vez los tres juntos, en Las Arenas, los días 28 y 29 de junio del citado año. En Madrid se presentaron el 20 de julio, y era tal el éxito que cosechaban allí donde actuaban que al final del año pasaron de las 80 contrataciones. En América, más de lo mismo.
Lo que empezó como un remiendo para salir del atolladero en que se había metido el empresario por la acción desertora del actor, se convirtió en algo excepcional que acaparó la atención de todos los públicos. Algunas de las suertes que hacían ante las reses, repletas de comicidad, fueron transformadas y llevadas al toreo serio en donde continuamente vemos como las ejecutan los matadores.
A imágen y semejanza de ésta primera cuadrilla muchas han sido las formadas en el devenir de los años y hay que decir, en justicia, que estas mojigangas han sido en múltiples acasiones las salvadoras de presupuestos de muchas ferias.

Fíate de la Virgen y no corras

January 19, 2009

Sin duda alguna éste es el consejo que daría a sus más allegados Antonio Ruíz “El Sombrerero”, nacido en Sevilla el 23 de septiembre de 1785 y que sus principios fueron como banderillero en la cuadrilla de Curro Guillén. A la muerte de éste tomó la decisición de hacerse matador, y como por aquel entonces el escalafón andaba más bien escaso de gente que mandara en esto pronto acaparó la atención de los públicos. En tiempos de carencia, fue junto con Juan León los que animaron algo el cotarro taurino.
Corrían tiempos en que la política estaba revuelta y dividida entre absolutistas y liberales; el vulgo para mejor distinguir unos de otros los denominaba blancos o negros.
Antonio Ruíz ostentaba con orgullo su condición de blanco y como Fernando VII no transigía con la libertad, pronto se advirtió como el monarca le ayudaba descaradamente para que actuase cuantas veces quisiera en la villa y corte.
Por el contrario, Juan León se decantó por los del color oscuro y de esta manera tuvo que enfrentarse no solo a los toros, sino también a la parcialidad política del momento en todas sus actuaciones.
Cierto día que Juan León se enteró de que “El Sombrerero” iba a actuar esa tarde con un traje blanco para alardear de su afiliación, tuvo el arrojo - a sabiendas de lo que le podía ocurrir con las iras de los “albinos”- de hacer el paseillo con un terno negro y azabache. Como era de esperar tuvo que poner pies en polvorosa cuando los absolutistas se arrojaron al ruedo para lincharle.
A mediados del año 1832 se fueron templando los ánimos y ambos colores se situaron en el ecuador político. Fue entonces cuando Antonio vió como las cosas le cambiaban radicalmente y como la actitud del público se le ponía en contra.
Confiando de su amistad con Fernando VII fue a visitarle a la Granja de San Ildefonso para solicitarle que tomara cartas en el asunto contra sus detractores. El monarca le tranquilizó y prometió que, como un amigo está para algo, no tenía por qué preocuparse ya que iba a mediar para solucionar el asunto.
¡ Y vaya si lo hizo !. De inmediato ordenó a las autoridades de la Corte que Antonio Ruíz “El Sombrerero” no volviese a torear más en Madrid.
Y así fue como el lacayo activista se vió “recompensado” por sus constantes desvelos en la lucha por unos ideales que fueron a menos.
¡ Caprichos de una “amistad” incondicional !.

Torear a destajo

January 18, 2009

Eso fue lo que hizo Rafael Guerra Bejarano “Guerrita”, segundo califa del toreo nacido en Córdoba el 6 de marzo de 1862, cuando se anunció el 19 de mayo de 1893 para torear en tres localidades distintas.
Serio tuvo que ser el madrugón que se dieron tanto los que actuaron como la gente que acudió a la corrida, seguro que muchos empalmaron la juerga nocturna con el festejo, puesto que la hora del inicio se acordó que fuese a las siete de la mañana. Este primer paseillo, en la plaza de toros de San Fernando, lo hizo junto a “Pepete” y los toros fueron de Saltillo.
Finalizada la corrida mucha prisa tendría que darse para poder hacer su segunda salida al ruedo; fue a las once y media, en Jeréz, con toros de la ganadería de la Cámara. Esta vez su acompañante fue “Fabrilo”.
Ya por la tarde, a las cinco y media, hizo acto de presencia en Sevilla para estoquear reses de Murube. En esta ocasión, hay que resaltar que los tres festejos fueron un mano a mano, su compañero de cartel fue Antonio Fuentes.
Aparte de banderillear a sus toros, finiquitó a los nueve que en total le tocaron en suerte de diez estocadas y dos pinchazos.
Con ésta hazaña consiguió ser el único torero, creo estar en lo cierto, que hasta la fecha haya toreado tres corridas en la misma fecha con la particularidad de que todas ellas fueron en un “mano a mano”.

Alejandro Talavante

Siempre se ha dicho que lo difícil no es llegar, sino mantenerse, y Talavante irrumpió en el 2007 con una verdad y una fuerza arrolladora. Pero llegó el 2008 y desapareció, no de las ferias, pero si de los triunfos y de las bocas de los aficionados.

Es cierto que si hubiera matado el toro de Adolfo Martín en Madrid y alguno más en otras ferias importantes la temporada no habría sido mala, pero no cabe duda que dista en mucho de lo realizado durante el 2007.

Su juventud y lo demostrado en las plazas le da suficiente crédito como para esperar de el mucho durante el 2009, pero partirá seguro con un handicap, y es que su presencia en las grandes ferias no estará asegurada y le tocará luchar y defender en los despachos el caché y la posición de privilegio a la hora de escoger ganaderías perdido durante la temporada pasada.


No era la persona idónea

January 17, 2009

En una tertulia que se entabló en cierta ganadería la víspera de una jornada de tienta se encontaba entre los invitados el gran maestro de Borox, Domingo Ortega. Uno de los contertulios comentó que en un libro del célebre matador había leído que en opinión del maestro cualquiera podía dar un número determinado de pases, a pesar de no saber torear. Domingo afirmó que efectivamente en cierta ocasión habían puesto a una persona con los ojos vendados delante de una vaquilla y que, atendiendo a las indicaciones que Ortega le iba dando de viva voz, consiguió darle con éxito una serie de pases.
Como porfiaban sobre la veracidad de lo expuesto, se acordó que al día siguiente se haría la prueba.
De conejo de indias se ofreció un maletilla curtido en mil batallas en esas capeas tan cruentas que se celebraban por los pueblos.
Con los ojos vendados le colocaron en el ruedo en espera de que soltaran una vaquilla. Cuando salió el animal se oyó la voz del maestro que le indicaba lo que tenía que hacer, al ver como ésta acudía rauda hacia el torerillo. ¡ Que si quieres arroz Catalina !. En un instante muleta y maletilla volaron por las alturas y una vez que aterrizó se llevó una paliza de padre y muy señor mío.
Cuando todo volvió a la normalidad empezaron las discusiones sobre la veracidad o no de lo que se había querido probar. Al no ponerse todos de acuerdo fue cuando el torerillo intervino y quiso zanjar la discusión:
— A mí me parece que el maestro tiene toda la razón a pesar de que la vaquilla me haya cogido y me haya dado ésta soberana paliza.
Domingo Ortega hablaba de una persona que no hubiese toreado nunca y yo, señores, en esto del toreo soy un “consagrao”.

Ni soy de aquí, ni soy de allá …

January 16, 2009

A José Manuel Inchausti “Tinín” le preguntaron en cierta ocasión si era vasco, contestando que no puesto que había nacido en el barrio de San Antonio de la Florida de Madrid. A pesar de llevar ese apellido su padre era natural de Asturias y su madre andaluza.
— Se puede saber José Manuel, en definitiva, ¿ de dónde te consideras ?.
— Por supuesto que sí. Los que estamos en ésta profesión nacemos cada tarde varias veces y en un lugar diferente, dependiendo de la plaza en que toreamos. Por eso cada vez que toreo considero que lo hago en mi pueblo y trato de complacer a mis paisanos. Te podrá salir bien o no, pero lo importante es tratar de ser profeta en “tu tierra”.

Necesario como el pan

En mayo de 1914 los obreros del campo iniciaron en Jeréz una serie de huelgas con el fín de conseguir el salario mínimo, los contratos anuales y las ocho horas diarias.
Entre los gritos de reivindicaciones y otras zarandajas, no olvidaron su afición a los toros y con buen humor y gracia andaluza canturreaban por doquier:
” En teniendo yo un sigarro
y seguro mi jornal,
y una entrada pa los toros,
¡ qué más puedo desear !.

Ojo clínico

Cuando aún no había cumplido los trece años, Joselito tuvo la satisfación de vestirse por primera vez con un traje de luces. Ocurrió el 19 de abril de 1908 en Jeréz; terno alquilado de color verde y azabache. El cartel lo completaban “Pepete” y “Limeño”.
Su primer becerro de la ganadería de Cayetano de la Riva se lo brindó al marqués de Domécq que como agradecimiento le obsequió con cinco duros.
Al ser demasiado grande su segundo becerro, el público temeroso de que le pudiese pasar alguna desgracia no consintió que lo matase.
Un crítico que presenció el acontecimiento pronosticó tras su actuación en las páginas de su revista:
Viene a la lucha un mocito
que moños piensa quitar …
Me atrevo a pronosticar
que los quitará Gallito.