No era la persona idónea
January 17, 2009En una tertulia que se entabló en cierta ganadería la víspera de una jornada de tienta se encontaba entre los invitados el gran maestro de Borox, Domingo Ortega. Uno de los contertulios comentó que en un libro del célebre matador había leído que en opinión del maestro cualquiera podía dar un número determinado de pases, a pesar de no saber torear. Domingo afirmó que efectivamente en cierta ocasión habían puesto a una persona con los ojos vendados delante de una vaquilla y que, atendiendo a las indicaciones que Ortega le iba dando de viva voz, consiguió darle con éxito una serie de pases.
Como porfiaban sobre la veracidad de lo expuesto, se acordó que al día siguiente se haría la prueba.
De conejo de indias se ofreció un maletilla curtido en mil batallas en esas capeas tan cruentas que se celebraban por los pueblos.
Con los ojos vendados le colocaron en el ruedo en espera de que soltaran una vaquilla. Cuando salió el animal se oyó la voz del maestro que le indicaba lo que tenía que hacer, al ver como ésta acudía rauda hacia el torerillo. ¡ Que si quieres arroz Catalina !. En un instante muleta y maletilla volaron por las alturas y una vez que aterrizó se llevó una paliza de padre y muy señor mío.
Cuando todo volvió a la normalidad empezaron las discusiones sobre la veracidad o no de lo que se había querido probar. Al no ponerse todos de acuerdo fue cuando el torerillo intervino y quiso zanjar la discusión:
— A mí me parece que el maestro tiene toda la razón a pesar de que la vaquilla me haya cogido y me haya dado ésta soberana paliza.
Domingo Ortega hablaba de una persona que no hubiese toreado nunca y yo, señores, en esto del toreo soy un “consagrao”.






Por lo menos le darian de merendar digo yo tratandose de un colega
Comment by Vocerio — January 25, 2009 @ 10:02 pm