Fíate de la Virgen y no corras
January 19, 2009Sin duda alguna éste es el consejo que daría a sus más allegados Antonio Ruíz “El Sombrerero”, nacido en Sevilla el 23 de septiembre de 1785 y que sus principios fueron como banderillero en la cuadrilla de Curro Guillén. A la muerte de éste tomó la decisición de hacerse matador, y como por aquel entonces el escalafón andaba más bien escaso de gente que mandara en esto pronto acaparó la atención de los públicos. En tiempos de carencia, fue junto con Juan León los que animaron algo el cotarro taurino.
Corrían tiempos en que la política estaba revuelta y dividida entre absolutistas y liberales; el vulgo para mejor distinguir unos de otros los denominaba blancos o negros.
Antonio Ruíz ostentaba con orgullo su condición de blanco y como Fernando VII no transigía con la libertad, pronto se advirtió como el monarca le ayudaba descaradamente para que actuase cuantas veces quisiera en la villa y corte.
Por el contrario, Juan León se decantó por los del color oscuro y de esta manera tuvo que enfrentarse no solo a los toros, sino también a la parcialidad política del momento en todas sus actuaciones.
Cierto día que Juan León se enteró de que “El Sombrerero” iba a actuar esa tarde con un traje blanco para alardear de su afiliación, tuvo el arrojo - a sabiendas de lo que le podía ocurrir con las iras de los “albinos”- de hacer el paseillo con un terno negro y azabache. Como era de esperar tuvo que poner pies en polvorosa cuando los absolutistas se arrojaron al ruedo para lincharle.
A mediados del año 1832 se fueron templando los ánimos y ambos colores se situaron en el ecuador político. Fue entonces cuando Antonio vió como las cosas le cambiaban radicalmente y como la actitud del público se le ponía en contra.
Confiando de su amistad con Fernando VII fue a visitarle a la Granja de San Ildefonso para solicitarle que tomara cartas en el asunto contra sus detractores. El monarca le tranquilizó y prometió que, como un amigo está para algo, no tenía por qué preocuparse ya que iba a mediar para solucionar el asunto.
¡ Y vaya si lo hizo !. De inmediato ordenó a las autoridades de la Corte que Antonio Ruíz “El Sombrerero” no volviese a torear más en Madrid.
Y así fue como el lacayo activista se vió “recompensado” por sus constantes desvelos en la lucha por unos ideales que fueron a menos.
¡ Caprichos de una “amistad” incondicional !.






Eso les pasa a los pelotas que atropellan la razón y quieren colgarse medallas sin merecerlas. Son sanguijuelas de la vida.
Comment by Teodoro Gijón — January 20, 2009 @ 5:53 pm
Yo quiero felicitarte
por este blog tan ameno
de cosas curiosas lleno
y mi enhora buena darte
Comment by Quevedito — January 22, 2009 @ 7:49 pm