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¡ Qué gran obra la suya !

January 25, 2009

Ricardo Torres y Reina “Bombita” logró auparse al carro de los famosos del mundo taurómaco por méritos propios. Nacido en Tomares (Sevilla) el 2o de febrero de 1879, falleció en la capital hispalense el 29 de noviembre de 1936. Tomó la alternativa el 24 de septiembre de 1899 formando terna con “Algabeño” y “Dominguín”, estoqueando al toro “Cachucho” de Veragua. Dominaba todas las suertes y pronto formó parte de la pareja de moda de aquel entonces junto a “Machaquito”. Destacaba su arte y dominio en todo cuanto hacía aunque a pesar de ello recibió múltiples cogidas que le hicieron perderse muchos contratos. Viendo como otros compañeros que además de pasar como él por el amargo trago de las cornadas tenían que padecer penurias en su vida cotidiana, fué lo que le indujo a crear el Montepío de Toreros con el fin de paliar en lo posible las necesidades de los menos favorecidos en la profesión.
Como agradecimiento a su magnífica obra, el 20 de junio de 1923 le impusieron en el teatro Rey Alfonso de la capital la Gran Cruz de Beneficencia de manos del novillero “Recajo”, al que hubo que amputarle una pierna a consecuencia de una cornada.
En ésta ocasión la sonrisa perenne del ilustre matador desapareció de su rostro y por contra aparecieron unas lágrimas mientras agradecía a la concurrencia la distinción que le hacían con estas palabras:
” Mi suerte y las circunstancias me colocaron en un puesto donde me consideraba como el padre adoptivo de mis compañeros. El verlos heridos y el comtemplar el cuadro de miseria que invadía sus hogares, dieron vida a la idea de crear la Asociación. De no haberlo hecho me hubiera ido del toreo y del mundo con el remordimiento de no haber cumplido con mi deber. ”
Qué contentos se debieron de sentir todos los toreros al contemplar como en la calle Bocángel de Madrid, muy cerquita de la plaza de toros de Las Ventas, tenían un precioso Sanatorio para uso exclusivo de ellos. Sabían que a pesar de los sinsabores que conlleva cualquier percance disponían de una “casa” en la que serían tratados con sumo cariño y, al fín y al cabo, no dejaban de estar entre los “suyos”.
Romántico y bello edificio que, por desgracia, se quedó pequeño y costoso de mantener y aunque desapareció físicamente aún perdura en la memoria de muchos.

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