¿Tarde histórica?
February 16, 2009He visto la corrida que se celebró el pasado día 8 en la plaza de toros de Méjico a la que se la catalogó como histórica, -me tengo que conformar con verla a la semana siguiente que es cuando la ofrecen por televisión-, y la verdad es que me sorprendió más de lo que ya me esperaba.
Quiero dejar constancia del gran respeto que me merece el público de ese país que va a los toros a divertirse y que lleva como equipaje su entusiasmo y gran sensibilidad. No es de extrañar que los toreros españoles que han toreado por esos lares digan lo agradable que resulta el poder hacerlo. Lo que no puede ponerse en duda es que el calibre que emplean para ponderar lo que están viendo dista una barbaridad del usado por el público español. Transigen con casi todo y con una nimiedad construyen un monumento.
¡Qué despliegue de fantasía a cargo de los que se ocupan de la retransmisión!. Estamos viendo un grano de arena y nos dicen que es una montaña. Con esto no quiero decir que sean malos, simplemente que deberían ponerse al día con la realidad de lo que es una corrida de toros. De todas las formas que no se olvide que esto que escribo es simplemente mi opinión y que por supuesto puedo estar equivocado.
Los toros que salieron esa tarde, aún dejándose torear, fueron más que flojos y alguno pasó al segundo tercio sin ser picado. Más de uno rodó en demasía por los suelos sin ningún merecimiento para seguir en el ruedo. Por eso no entiendo en calificar el encierro como extraordinario cuando dejó bastante que desear, más que nada por la flojedad de los cornúpetas.
Joselito Adame estuvo muy torero en el de su confirmación de alternativa haciendo un toreo del bueno. En España ya dejó la impresión de que se trata de un torero que puede funcionar muy a gusto en esto.
Arturo Macías fué obsequiado con las dos orejas y el rabo de su segundo oponente. ¡Qué despropósito más grande!. La faena no tuvo ligazón, en los circulares no dejaba de agarrarse a los lomos del animal -en todos-, no tuvo quietud en ningún momento y toda ella estuvo repleta de espacios muertos y danzando alrededor del toro sin decidirse ni saber que hacer. Sí es verdad que caló en el público triunfalista pero lo que tengo claro es que aquí en cualquier plaza de primera, como suele decirse, no se hubiera comido ni una rosca.
El presidente un disloque, un personaje de sainete de los que salían en esas obras creadas por esos dos hermanos tan famosos.
De Enrique Ponce diré que volvió a demostrar quién es en esto de los toros. Al primero de su lote, muy blando, lo mimó de tal manera que consiguió hacerle durar en una faena larga y que embistiese cada vez mejor. ¡Qué poquitos hubieran sacado partido a éste toro!. ¡Qué difícil lograr lo que logró!. La faena imagínensela, para que la voy a contar; como ésta ha hecho infinidad de ellas.
Muchos son los años que el maestro de Chiva está manteniendo ese puesto de privilegio marcando diferencias incuestionables. A medida que pasa el tiempo se le va recibiendo con más exigencias y tibieza pero como derrocha un valor sin trampa, su técnica es demoledora y como le sobra temple hasta para regalar, cuando dice aquí estoy yo no encuentra oposición alguna. Su toreo es el eterno, el arriesgado y sentido. Por si fuera poco todo esto, su comportamiento engrandece aún más su figura.
Solo agregar que Ponce toreó ese día su corrida número 1900, eso sí en el patio de su casa, y que cortó el rabo número 121 de los otorgados en el coso de Insurgentes.
Así fué como ví la corida y así es como la cuento. Desde luego que fué una tarde con historia.






En efecto, así de ligeras son las cosas por aquí…
Comment by Xavier González Fisher — February 16, 2009 @ 8:34 pm
Ahora que he visto toros en su pais veo la diferencia que hay con las corridas que se dan en el mio. No tiene que ver unas con otras
Comment by Ernesto Acosta — February 19, 2009 @ 12:22 pm