¡Caray! con algunas plazas
February 17, 2009Cuando vamos camino de una plaza de toros a presenciar nuestro espectáculo favorito lo hacemos ilusionados y con gran alegría teniendo la esperanza de que vamos a pasar un par de horas disfrutando con lo que nos gusta, a la vez que nos podremos relajar del estrés que sin duda alguna llevaremos a cuestas.
De todas las maneras si lo pensáramos un poquito, más nos valdría que nos fuésemos mentalizando de lo que se nos avecina para así poder aguantar con estoicismo el martirio que vamos padecer, y no precisamente por lo que vaya a ocurrir en el ruedo.
Si por cualquier motivo nos rezagamos y vamos pegados de tiempo, el llegar a nuestra localidad instantes antes de que empiece la corrida será todo un desafio que puede minimizar lo que tuvo que hacer ese Ulises, el de Homero.
Una vez conseguido nuestro propósito, eso sí, sin dejar de ver malas caras durante el trayecto, no pensemos que lo malo ya ha terminado. Ahora es cuando empieza la prueba de resistencia porque en ningún momento nos libraremos de permanecer todo el tiempo con las piernas en cuclillas, deberemos tener mucho cuidado en no romper con las rodillas las costillas del que tenemos delante de nosotros y de que la señora que se sienta en la fila de atrás no piense que nos estamos aprovechando de ella amparándonos en la estrechez de los asientos. No hay que olvidar tampoco que mientras que nos ocupamos de ésto nos estamos perdiendo la mitad de la corrida.
Si por un casual pretendemos abandonar nuestra localidad antes de que la corrida haya terminado, aún tratándose de una causa justificada, aparte de convertirse en otra hazaña heróica volveremos a ver las mismas malas caras y algún que otro comentario que por suerte no lograremos entender.
En definitiva, no me digan que no es todo un poema lo que nos puede ocurrir por culpa de esos señores que al amparo de la palabra arquitecto parece que en lugar de un coso taurino lo que proyectaron fué un recinto de tortura.
Para que luego digan que no es necesario tener mucha afición para entrar en una plaza de toros. Si hasta el santo Job hubiese renegado de algunas.






Lo peor es cuando termina la corrida que como estás agarrotado tienes hasta miedo de bajar las escaleras porque piensas que te vas a caer.Encima de lo caro que cuesta ir a los toros sales hecho una mierda.
Comment by Antonio Cabezas — February 19, 2009 @ 12:29 pm
A mi cuando termina la corrida lo que más me cuesta es poder despertar a mi culo que lo tengo dormido como un tronco
Comment by Niño de Cullera — February 23, 2009 @ 8:07 pm