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Orejas atípicas

February 27, 2009

*** El 26 de julio de 1926 se concedió una oreja a un torero por haber dado una estocada más que defectuosa y con la particularidad de no haber instrumentado ni un solo muletazo al toro. Ocurrió en Quintanar de la Orden (Toledo) y el protagonista de tal hazaña no fué otro que José Gómez “Joselito”.

Fué tal la cantidad de agua que cayó durante el festejo que no hubo más remedio que suspenderlo cuando se encontraba en el ruedo el cuarto toro de la tarde, “Bolichero”, berrendo en castaño de la ganadería de Martínez. Acompañaban esa tarde al maestro de Gélves, Curro Vázquez y su cuñado.

Como no tenían cabestros y no respondía a llamada de los capotes decidieron sacar los dos toros que restaban por salir al ruedo, “Rayitos” y “Ardilla”, para ver si de ésta manera conseguían poder encerrarle. Al no conseguirlo “Joselito” pidió permiso a Curro para poder estoquearlo, a él le correspondía la muerte del astado, y éste no vaciló en dárselo no sin antes advertirle de que el toro no había sido toreado ni picado con el agravante de que el ruedo estaba imposible.

No se lo pensó dos veces y a la salida de un capotazo corrido que le dió “Cantimplas” le recetó un bajonazo que a juicio del protagonista fué el peor de los que podía haber dado a lo largo de su vida taurina.

El público solicitó la oreja y el presidente agradecido por haber solucionado el problema no tuvo ningún inconveniente en concedérsela; merecido trofeo más que nada por ese gesto tan encomiable en circunstancias tan adversas.

*** En 1904 don Francisco García puso su ganadería a nombre de sus hijos Manuel y José, conocidos en aquel entonces como “los hermanos Aleas”. En 1914 deciden separarse repartiéndose las reses que tenía su progenitor. Poco tiempo después don Manuel García Aleas cruzó algunas vacas con un semental del conde de Santa Coloma, de nombre “Luminario”, que logró sacar entre su descendencia ejemplares de gran notoriedad.

Uno de ellos fué “Malagueño”, lidiado en Madrid el 25 de mayo de 1925. Fué tan extraordinario su comportamiento con los montados y con la gente de a pie que, una vez estoqueado por “Nacional II”, le dieron tres vueltas al ruedo.

No contento el respetable con el premio otorgado que consideraba exiguo para los merecimientos del astado, solicitó y obtuvo la oreja del animal para el ganadero, caso insólito en la historia del toreo.

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