Efímeras despedidas y triunfo grande
July 22, 2009El 30 de septiembre de 1918 fué la fecha elegida para la despedida de Rafael El Gallo, de celeste y oro, en la maestranza sevillana con Curro Vázquez y su hermano José como compañeros de cartel, los toros eran de la Viuda de Concha y Sierra.
En el primero le concedieron la oreja solicitada por un público benevolente que de ésta manera le demostraba su simpatía. El cuarto -cárdeno claro- fué fogueado y reunía todos los requisitos para que El Gallo posiblemente diese un mitin de los suyos. Después de brindarlo a Bombita -fué su padrino de alternativa-, a Belmonte, a Guerrita, al ganadero Antonio Flores y a los aficionados que llenaban la Maestranza, quiso Joselito liberarle de un posible descalabro y cuando se disponía a ir hacia el toro le quitó los trastos para hacerse cargo de la lidia del astado con la aquiescencia del público al que se le anunció que Rafael se las entendería más tarde con el sobrero. “Jazmín” se llamaba el negro mulato y bragado con el que se enfrentó el mayor de los Gómez, si sólo le ovacionaron fué debido a que estropeó su labor muleteril con la espada.
El séptimo que le correspondió a Joselito se lo brindó a su hermano y logró cortarle las dos orejas, fué sacado a hombros.
No tardó mucho en despedirse también de sus paisanos ya que el día 10 del mes entrante hizo lo propio en Madrid, en julio se habían cumplido los 36 años de su nacencia en la Villa y Corte.
La corrida se anunció con un contreras para él y seis guadalest para la terna que le acompañaba y que estaba compuesta por su hermano junto con Camará y Limeño.
“Carretero”, negro zaíno y mansurrón, se llamaba el de su despedida que lo brindó al duque de Tovar y al público que llenaba la plaza, en su honor lo banderillearon los tres espadas anunciados. La faena no pudo ser como a él le hubiese gustado pero al final le ovacionaron con fuerza en agradacimiento a sus tantas tardes exitosas en dicho ruedo.
Mucho tiempo tuvo durante el invierno para pensar la decisión que había tomado y al final optó por arrinconar todas las despedidas que había hecho en distintas plazas y volver al toreo activo, con el fín de que se olvidara de los ruedos su hermano José le había asignado para sus gastos dos mil pesetas mensuales.
Con normalidad iban transcurriendo las cosas en ésta corrida hasta que apareció en quinto lugar “Gorrión” -negro mulato, listón y bragado- que fué un bravo ejemplar con cierto picante por la viveza de su embestida.
Actuación grandiosa de principio a fín que hizo que los tendidos se pareciesen a un mar de pañuelos solicitando los máximos trofeos para el pequeño de los Gómez.
La décimo cuarta y la décimo quinta oreja que cortaba en Madrid, amén del primer rabo que se concedía en ésta plaza a un matador de toros, fueron a parar a manos de Joselito como premio a tan extraordinaria faena. Dos vueltas al ruedo le hicieron dar una vez que concluyó la que le dieron al toro como premio a su bravura.
Tan apoteósica fué la tarde para el de Gélves y tanta la emoción que le produjo la entrega del público que no dudó en sentenciar: “Exigente es el público de Madrid, pero cuando le da uno gusto, se lo paga con creces”.
Poco tiempo después recordando el éxito obtenido el revistero sevillano “Franqueza” le preguntó:
— ¿Gusta el dinero, Juan?.
— Pues si ahora me pidieran diez mil duros por hacerle a un toro en la plaza de Madrid lo mismo que he hecho en la última corrida de éste año, sin reparo alguno los daría.





