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Errónea decisión con fatal desenlace

August 13, 2009

Carlos y Francisco Puerto Sancho eran el orgullo del Puerto de Santa María por contar con una pareja de varilargueros de fama extraordinaria. Aunque el primero nació en Alicante el 4 de diciembre de 1813 al año siguiente lo llevaron a la capital gaditana, allí nació su hermano el 3 de febrero de 1819.
Al morir su padre, Carlos que trabajaba como carpintero se dió cuenta de que con ese oficio no podría atender como él deseaba a su queridísima madre, aprovechó la oportunidad de unos festejos que se organizaron en el Puerto en honor del Infante don Francisco para probar suerte como picador. Los resultados fueron tan halagüeños que a partir de entonces no dejó de actuar junto a los famosos varilargueros Juan Pinto, Bernardo Botella y Juan Mateo Castaños, del que presenció su cogida y muerte en 1844.

Sus primeros jefes fueron Manuel Domínguez, Francisco Montes, Juan Yust y “Cúchares”, antes de ingresar en la cuadrilla de José Redondo “El Chiclanero”

En el año 1835 se marchó junto a Hermosilla a Montevideo con un contrato de 28 corridas, tan bien se le dió por aquellos lares que permaneció durante cuatro años. Regresó al Puerto pero al cabo de unos meses decidió volver a la capital uruguaya, esta vez en compañía de su idolatrada madre, volviendo a cosechar triunfos y una considerable fortuna. ´
Adquirió varias fincas que empleó en explotaciones agrícolas, pero el destino quiso que en una de esas revoluciones que se organizaban por allá le quitaran lo que con tanto arrojo y destreza se había ganado.

De vuelta a España se colocó con “El Chiclanero”, siendo ésta la mejor época de su ya acreditada fama como picador a la vez que consiguió volver a rehacer sus dineros.
En marzo de 1852 ingresó en la cuadrilla de Julián Casas “El Salamanquino” - cuando se inició en el toreo destacó por el riesgo que imprimía a todo cuanto hacía delante de la cara del toro y por su facilidad con las banderillas, así como el saltar la barrera sin apoyar las manos ni los pies en las tablas; en abril de 1849 don Juan Miura presentó oficialmente sus toros por primera vez en Madrid y “El Salamanquino” participó esa tarde junto a Curro Cúchares y Lucas Blanco- a cuyas órdenes obtuvo un clamoroso éxito actuando en Cádiz. Tal alboroto formó que al anunciarse ante sus paisanos de adopción el 25 de junio siguiente en la plaza no cabía un alfiler, todos querían presenciar las artes de su ídolo con el palo largo.

Cuando salió abanto al ruedo “Medialuna” Julián Casas lo recogió y logró sujetarle los pies con acertados capotazos, nueve veces entró al caballo y nueve fueron las varas que le pusieron, seis los jamelgos que dejó para el arrastre. Como se hacía de rogar para tomar la décima vara, el gobernador don Martín Foronda ordenó que avivaran al caballo propinándole estacazos en las ancas. Se encabritó el equino a la vez que se arrancaba con furia “Medialuna” que sacó de la silla a Puerto Santo y se lo llevó clavado en el pitón derecho, sujetándose los intestinos con las manos se fué por su pie a la enfermería.
Terminado el trabajo los galenos lo trasladaron a casa de su compañero Erasmo Olvera donde expiró a los cuatro días.

El toro ya estaba suficientemente picado, pero como al señor gobernador se le antojó que fuesen diez las varas que le tenían que poner ocurrió lo que se podría haber evitado.
Quien manda, manda.

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