Toda una vida toreando
August 14, 2009Si alguien hizo una labor grandísima en favor de nuestra Fiesta, éste no fué otro que Bernardo Gaviño Rueda.
Vino al mundo en Puerto Real el 20 de agosto de 1812, pasado el tiempo sería el más fiel exponente de lo que es pasión y entrega por una afición a la que consagró todos los días de su dilatada vida.
Las primeras lecciones las recibió de Juan León “Leoncillo”, siendo el Matadero de Sevilla el aula de su aprendizaje.
No tardó mucho en torear a las órdenes del novillero Francisco Benítez que repartía su tiempo entre los toros y en la mejor tahona del Puerto de Santa María, debido a éste oficio le apodaron “Panadero”. Triste fín el de Benítez ya que a los cincuenta y tres años y actuando como director de lidia en una becerrada que se celebraba en su ciudad natal, el 28 de julio de 1844, fué alcanzado por uno de los bichos que le retiró de los toros.
Colocado con el matador de toros Bartolomé Ximénez tuvo la oportunidad de estoquear reses en distintas ocasiones, como en ninguna hubo cesión de trastos no ha sido considerado como matador de toros a pesar de haber tumbado infinidad de ellos a lo largo de su carrera.
A los 23 años se marchó a las américas alternando su domicilio entre Montevideo y La Habana, años después fijó su residencia en Méjico.
Cuando llegó a la capìtal azteca los toros estaban por así decirlo en pañales, pero Gaviño puso tal empeño en propagar nuestra Fiesta que no cesó, desde 1840 al 31 de enero de 1886, en consagrar toda su existencia para divulgar y mantener vivo el gusanillo de la afición en esos lares.
Al desconocer la gente de allí los preceptos y normas que regían éste espectáculo, Bernardo se dedicó a ejercer “su arte y magisterio” de la forma más ventajosa para su integridad física. Derribaba a los astados con metisacas en los bajos que hacían enloquecer a la afición al ver como se derrumbaban echando a borbotones sangre por la boca mientras que el estoque permanecía en su poder.
Cuando Luis Manzzatini se presentó por primera vez en la capital mejicana y tumbaba a los toros de impecables volapiés, la gente no le perdonaba el “defecto” de que no se quedase la espada en su mano y de que el animal no sangrase por la boca.
Actuó por última vez en Texcoco (Méjico) el 31 de enero de 1886 en una corrida en la que el segundo toro hirió de consideración a una espóntanea que se lanzó al ruedo con el propósito de colocar un par de banderillas. En el toro siguiente, que tomó ocho puyazos y mató dos caballos, tuvo la mala suerte de que le prendiera el burel, a resultas de la terrible cornada dejó de existir el 11 de febrero siguiente. Contaba con 74 años.
¿Cómo es posible que después de su trayectoria, algunos, no le consideren matador de toros por el mero hecho de no haber sido investido oficialmente?. ¡Ridículo!.






“Chicharrón” de la Hacienda de Ayala fue el último toro de la vida de Bernardo Gaviño, para quien se compusieron múltiples “corridos” o romances populares. Él fue quien “convirtió” a Ponciano Díaz a la manera de hacer el toreo “a la española” y le puso en camino de recibir una alternativa en Madrid, de manos de Frascuelo.
Y sí, me parece ridícula la pretensión de quererle regatear la calidad de matador de toros por no haber pasado por una ceremonia de alternativa. Al menos en esta tierra mexicana, fue el primero que trajo la tauromaquia hispana como la conocemos y eso debiera ser suficiente.
Saludos desde Aguascalientes, México
Comment by Xavier González Fisher — August 16, 2009 @ 1:38 am
En efecto, se le debe considerar matador de toros, por haber sido el primero en traer la tauromaquia andaluza a México y dejarla como institución.
El toro que le quitó la vida se llamó “Chicharrón” y fue de la Hacienda de Ayala.
Se compusieron numerosos “corridos” a la memoria de Bernardo Gaviño, que ya era considerado como “nuestro” y como el padre taurino de quien sería al final el primer matador de alternativa mexicano: Ponciano Díaz.
Saludos desde Aguascalientes, México.
Comment by Xavier González Fisher — August 17, 2009 @ 5:30 pm