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Lo poquito gusta, lo mucho cansa

August 25, 2009

Cuando una vianda exquisita se prodiga en demasía llega a perder su exquisitez y hasta casi deja de ser vianda, puede convertirse en tormento culinario.
Cuando un día sí y otro también nos obligan a meternos al cuerpo una chuletada al final terminaremos por aborrecerla y entonces nos acordaremos de los chipirones, de la merluza, de los escalopes de ternera, de la tortilla de patata, de la menestra, de la fabada, … . En la variación está el gusto, sin olvidarnos tampoco de que lo esencial es abastecer a nuestro organismo con los distintos nutrientes que cada uno de esos manjares atesora por seperado.

Algo parecido ocurre con las corridas de toros en las que los cocineros no salen del menú único del sota, caballo y rey. Algunos, en ocasiones, añaden al plato algún condimento distinto pero siempre sobre la misma base, no alcanzan a pensar que sus guisos puedan llegar a ser atrofiadores de paladares y que los comensales hartos de engullir siempre lo mismo acaben por dejar de entrar en su local.

Entre unos y otros están consiguiendo que la Fiesta que antes era un espectáculo lleno de policromía y tenía un inusitado interés con sus múltiples variantes, en la actualidad ha quedado reducida - por mor de severísimas e injustificadas podas - a un esquema monocorde en el que ha desaparecido la intriga debido a que ahora todos sabemos de antemano lo que va a pasar en el ruedo, todo se va a repetir hasta la saciedad.

Por supuesto que existen excepciones, pero la mayoría de los espadas de hoy en día se hartan de torear respaldados por influencias e intereses. Se han doctorado sin haberse aprendido los temas y cuando les sale un toro que no es el aborregado al uso, mantazo al canto y golletazo infame.
¡Con lo bonito que es contemplar que cada animal resulte distinto del anterior y del siguiente y que se le pueda dominar resolviendo sus problemas!.

Despectivamente aducen los encumbrados que al público de hogaño no les gusta eso del dominio y la lidia y que por eso no lo ponen en práctica.
El público en general como no ha visto lidiar y dominar a los toros no puede decir si esas facetas les van a agradar. Lo realmente cierto es que cuando no hacen el toreo de dominio es porque … no lo dominan, no saben y en consecuencia son agobiados y superados por el burel.

Si lidiaran al toro con dificultades como es debido posiblemente al principio el público se encontrase algo desorientado. Si de verdad conociesen y dominaran su oficio y lo pusiesen en práctica siempre que tuviesen que enfrentarse a ese astado, verían como el aficionado no tardaría mucho en entregarse y sería capaz de paladear el arte de dominar a los toros.

Al final se lo agradecerían pues llegarían a comprender que además de la chuletada existen otros manjares que, independientemente de que sean más o menos apetitosos según sus gustos, su combinación en una o varias comidas harían que disfrutasen de sabores distintos que les resultarían gratos al paladar.

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