*** … 1933 Domingo López Ortega se presentó en Méjico toreando un mano a mano con Jesús Solórzano en la Plaza de Toros El Toreo de la Condesa, los toros pertenecían a la ganadería de La Laguna.
En esta su primera incursión a tierras americanas obtuvo grandes éxitos y no desmereció en nada la espectación que había despertado.
El día de nochebuena tuvo un triunfo grande toreando junto a Fermín Espinosa “Armillita”, cortó una oreja a “Camparito” y otra a “Soldadito” de la ganadería de la Punta.
En su temporada española había quedado lider del escalafón con 69 corridas toreadas, no pudo alcanzar las 107 que tenía contratadas debido a los percances sufridos.
*** … 1754 nació en Ronda (Málaga) el que vino a ser el torero más grande habido en el siglo XVIII, Pedro Romero y Martínez.
De gran sangre fría y con enormes facultades físicas tenía la virtud de ver con rapidez las condiciones de los cornúpetas a los que se enfrentaba para doblegarlos y salir airoso del trance. A lo largo de sus veintiocho años que permaneció en activo mató alrededor de 5.500 toros sin que ninguno le hiriese de consideración.
Quisieron enfrentarle a Joaquín Rodriguez “Costillares” y a José Delgado y Guerra “Pepe-Illo” pero ante ambos salió victorioso y vino a demostrar que nadie podía superarle.
Era hijo de Juan Romero y nieto de Francisco Romero que pasa por ser el primer matador que ha existido e inventor de la muleta, su padre lo presentó en la Villa y Corte en 1775.
Retirado ya y entrado en años se le designó para dirigir la Escuela de Tauromaquia de Sevilla que había sido fundada por Fernando VII.
*** … 1899 se llevó a cabo por primera vez en una plaza de toros la extraña suerte de esperar la salida del animal cruzado de brazos subido en un pedestal en el centro del ruedo y quedarse inmóvil hasta que la res ignorara su presencia y decidiera marcharse a otro lugar del anillo. El protagonista de tal hazaña fué el valenciano Tancredo López ante un toro de Flores; el público madrileño pudo comprobar ésta proeza el 30 de diciembre de 1900 ante el toro “Espantavivos” de la ganadería de Trespalacios.
Decidió practicarla después de que en 1898 estando en Cuba se la vió hacer en la plaza de toros de la Habana al “Olizabeño”, que tiempo más tarde acabó muriendo entre las astas de un toro cuando la llevaba a efecto.
Disfrutó de gran popularidad pero acabó sus días en la mayor de las pobrezas y olvidado por todos, fué en 1923 en su tierra natal.