En la década de los sesenta del pasado siglo se habló con relativa insistencia de la necesidad, por lo lucrativo el asunto, de la implantación de la quiniela taurina consistente en un boleto de apuestas a imagen y semejanza de las ya existentes en el fútbol.
Diferentes fueron los métodos a seguir que se barajaron y como respuesta a los mismos Miguel Pérez Calderón publicó en una revista de aquel entonces, ironizando el tema, el sistema que consideraba idóneo para llevarla a buen puerto.
Parodiando a la quiniela futbolera exponía de ésta forma su idea:
# Propongo un nuevo esquema de clasificación de siete columnas - “corridas toredas”, “ganadas”, “empatadas”, “perdidas”, “toros a favor”, “toros en contra” y “puntos”- y explico más adelante el significado de cada uno.
Las columnas correspondientes a las corridas “ganadas”, “perdidas” o “empatadas” no ofrecen dificultad de comprensión alguna. Si el matador está bien en los dos toros la corrida se considera ganada, si está mal en ambos, perdida y si en uno queda bien y en el otro mal, empatada. En el primer caso se adjudicarían al lidiador los dos puntos, en el segundo ninguno y en el tercero uno. Como es natural el presidente, ayudado por dos “jueces de ruedo” actuaría de árbitro supremo.
Los epígrafes “toros a favor” y “toros en contra” se refieren a los pìnchazos que se han propinado recíprocamente el torero y el toro. El número de estocadas que ha necesitado el matador para liquidar al toro y el de puntazos que ha inferido el toro al matador. Cuando menor sea el número de estocadas -es decir,cuanto más se aproxime a la cifra de una por toro o dos por corrida- y más pequeño el de los empitonamientos, mejor.
A fín de que el aficionado pueda seguir adecuadamente la marcha de las distintas corridas y los consiguientes resultados, en todos los ruedos nacionales deberían instalarse marcadores simultáneos con las claves comerciales al uso. Y para el debido conocimiento de la afición en general y de los que no han asistido a los encuentros, no vendría mal que a la caída de la tarde una legión de mozalbetes vociferantes vendieran una hoja informativa con el título de “Toreada” o alguno semejante.
Por supuesto, los posibles empates entre toreros se resolverían por el sistema de “oreja average”
Modestamente tengo el presentimiento de haber echado los cimientos de una nueva y revolucionaria estructura de ilimitadas posibilidades. La afición puede y debe de estar de enhorabuena. Aumentará el número de espectadores en las plazas, la pasión y la polémica. Se abrirán inéditas oportunidades internacionales a nuestro toreo. Se creará la figura del “seleccionador nacional de toros” -que naturalmente quiere decir de toreros- con la que se multiplicará por cien o mil la discusión, de la que dicen que sale la luz. Y surgirá la quiniela y el “Patronato de Apuestas Mutuas Taurinas Benéficas” …
Pero todo ésto ya no me corresponde a mí ponerlo en pié. Yo, simplemente, preveo, invento, ideo, proyecto y planifico, porque soy como si dijéramos, el “equipo de pensamiento” de la Fiesta Nacional. Ahora que lo lleve a la práctica el “equipo ejecutivo” que corresponda. #
Lamentablemente para él su idea no tuvo éxito, pero lo que sí dejó patente fué su gran sentido del humor.