Personaje de época
January 7, 2009Aprovechando el letargo invernal en cuanto a espectáculos de toros se refiere, no viene mal recordar a uno de los mejores varilargueros que en el toreo han sido.
Hijo de padre francés (Eugenio) y de madre madrileña (Bárbara), nació en Tortosa el 19 de marzo de 1858 José Bayard Cortés “Badila”. Criado en Madrid, se colocó como sirviente en la casa de “Frascuelo”.
A los 12 años picó por primera vez en Santander a las órdenes de Gonzalo Mora, quien le abonó sesenta pesetas - muchas por aquel entonces- por su trabajo.
Se le conocía por el apodo de “Brazo de hierro”. Como era muy serio y callado le decían que parecía que se había tragado el palo de una badila. Como esto le hizo gracia, decidió cambiar su apodo por el de “Badila”.
El 15 de abril de 1877 resultó herido de gravedad “Frascuelo” y “Badila”, que actuaba de mozo de espadas, saltó la barrera y recogió al herido apartándole del peligro. Agradecido, le redimió del servicio militar dándole trabajo como varilarguero de reserva en su cuadrilla. Más tarde le recomendó a Valdemoro, a Angel Pastor y a Felipe García para que le incluyeran en sus cuadrillas.
Con Manuel Martínez “Agujetas” entró a formar parte en la cuadrilla de Angel Pastor, llegando a ser considerados por todos como la pareja del momento.
El día de la despedida de “Frascuelo”, además de picar los seis toros, banderilleó a caballo al cuarto de la tarde.
Su afición fue más allá de la vara de picar ya que actuó de matador en múltiples becerradas, hazañas que cobran mérito si nos atenemos a como cuentan que eran esos bichos en aquel entonces. Cuando era derribado del caballo quebraba a los toros a cuerpo limpio y, en ocasiones, cogía por una punta el capote del compañero que le estaba haciendo el quite y aprovechaba para torear al alimón. En cierta ocasión, junto con “Algabeño”, después de torearlo de esa guisa, se plantaron los dos de rodillas de espaldas al toro.
En su afán de adquirir cultura aprendió francés, tocaba el piano y actuaba cuando se terciaba como actor dramático. Llegó a cantar ópera haciendo gala de una portentosa voz. Actuó no solo en la península ya que también lo hizo en Cuba, Montevideo, Francia, Méjico, Argelia y Portugal; tanto en su faceta dramática como lírica.
Idolo de los públicos era el punto fuerte en las cuadrillas en que actuaba. Picó por última vez en el coso madrileño el 24 de septiembre de 1905; el astado se llamaba “Señorito”, colorado, y pertenecía a doña Franscisa Bañuelos.
En la mañana del 28 de febrero siguiente falleció de una congestión cerebral en su domicilio de la calle Silva de Madrid. Logró pasar a la historia como uno de los mejores profesionales en esto de picar toros.







